lunes, 10 de septiembre de 2012

EL TIEMPO






Hace tiempo  que mi tiempo es vital. Me gusta el tiempo libre, escuchar al hombre del tiempo, sentir que el tiempo pasa y  haber leído el tiempo  entre costuras. No estoy de acuerdo con Jorge Manrique, cuando escribió  que cualquier tiempo  pasado fue mejor y estoy convencida de que el tiempo pone a cada uno en su lugar.




Hace poco tiempo que el tiempo me pasa muy deprisa, pero no cuando quiero que pase. Necesito noches más cortas y días más largos, en algunos momentos el tiempo  es oro, y por ello, debo aprovecharlo.

No me gusta que  el tiempo  corra en mi contra. Hablar a contrarreloj es contraproducente, el flujo verbal se puede volver confuso, caótico  e interminable, generando una logorrea difícil de combatir. Así que,  previniendo posibles efectos secundarios ante una presión oral-temporal, escribo. Dispongo de  todo el tiempo del mundo, y si no lo tengo...las letras se encargarán  de inventarlo.

domingo, 19 de agosto de 2012

ODA A LOS ...





 Son tres, al igual que los reyes Magos, los tres cerditos, el tres en raya
 o los tres tristes trigres, esos que andan por ahí metidos en un trigal.
 Aparecen cuando menos te lo esperas, pero la epoca más propicia es el verano.
 Son inseparables como Romeo y Julieta o los amantes de Teruel.
 Viajan  por el ciberespacio, sms, whatsap o carta tradicional,
 nunca se manifiestan vía oral.
 Con ellos se puede intuir, divagar, reflexionar, ironizar y pueden hasta despistar.




Acompañanan a las afirmativas, negativas o exclamativas, pero, ¿ qué pasa con las interrogativas?
no sabe, no contesta, es la mejor respuesta.
Si los pones malo, si los excluyes también,
¿que tendrán, que se ponen siempre al  final?





 Y como no hay dos sin tres, acabaré ya
 recordando a esos tres mosqueteros
 que en el momento que los leo
 pueden producir pataleo,
 y  empiezo a pensar en el sabio refranero.
 No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy,
 porque mañana igual llueve
 y se acaba el veraneo.
 Pero en realidad,  respiro hondo
 y reflexiono;
 si los tres sombreros de copa leo
es porque he recibido un correo
asi que me doy por satisfecha
ante cualquier tipo de punteo.

miércoles, 27 de junio de 2012

¡MARCHANDO UNA DE COCO!




 
-¿Y por qué coco? ¿Tanto te gusta?

- Sí, y desde hace tiempo un poco más.

 - Todo empezó en primavera, cuando el calor aún no se había instalado de forma permanente entre las calles de la ciudad. Todavía  se podía apreciar en la vestimenta de la gente los últimos vestigios del invierno; chaquetas, medias en las mujeres, botas  y bufandas de entretiempo en el cuello. Pero para mí la primavera había llegado con todo su esplendor. Sí, llegó con un sinfín de novedades que hicieron que esa estación se convirtiera  en el principio de algo que a día de hoy  me quita muchas horas de sueño, pero al mismo tiempo me hace sentir una alegría y felicidad inconmensurable.

- Pero... cuéntame lo del coco.

- Lo del coco es lo menos importante de ésta historia, mejor te cuento lo que más recuerdo de esa primavera.
Había una especie de sótano, algunos decían que allí hacía frío pero yo nunca llegué a percibir esa sensación. Gente, bastante gente, de muchas edades, y por cierto, todos bien avenidos. También me acuerdo de oír música, mucha música clásica. Escuchar el Adagio de Albinoni en primavera, en un sótano, rodeada de muchas personas que hablaban  y repetían una y otra vez  textos y más textos puede parecer una tortura, pero para mí era una sensación que rayaba la armonía perfecta.

- ¿Y qué tiene que ver todo eso con el coco?

Lo del coco todavía no llega. Antes del coco vinieron otras cosas. El sótano aquel se convirtió en un sitio rutinario pero al mismo tiempo muy venerado por todos nosotros. Para mí aquel sitio tenía magia, era como la casa magnética  de los parques de  atracciones, cuando estaba dentro había algo que me atrapaba y  hacía que el tiempo allí no corriera como en el exterior. Pasé muchas horas, y cada una de ellas fueron para mí  “horas extraordinarias”.
- y el co…
- ¡Calla!!

- Mira, como veo que sólo te interesa el dichoso coco, te diré que aparte de ser el: “Fruto del cocotero, semejante al melón en su forma y tamaño, cubierto de una doble corteza, la primera fibrosa y la segunda muy dura; por dentro y adherida a esta tiene una pulpa blanca y sabrosa, y en la cavidad central un líquido dulce llamado agua de coco.”  …Para mí el coco es  el antídoto de mi vida.

-¿De verdad?
- Ajá.


domingo, 10 de junio de 2012

COMPARTIENDO, VIVIENDO Y SOÑANDO





 Comparto deseos, tiempo y sonrisas,

vivo cada día pensando en el mañana,


 sueño cada día con infinitas promesas

y cada día presiento que algo me llama.


 Y me pregunto, ¿qué quiero?

y eludo todas las respuestas,

porque sé que sin ti puedo ser nada

pero contigo... amanece todas las mañanas



 ...y "cómo dijo aquel genio esta vida es un sueño y soñaré, soñaré..." LOVG 


 Si me preguntas contestaré, si andas te acompañaré, si sonríes imitaré, si me explicas te entenderé, si pides te daré, si ofreces recibiré, si empiezas continuaré... 
Si el otoño sigue siendo primavera esperaré al invierno para que sea verano, entonces, abriré las puertas de tu balcón y allí mismo mirando al infinito se oirá la dulce melodía de nuestra canción.



jueves, 7 de junio de 2012

MAKTUB - ESTABA ESCRITO


¿Existen las casualidades? ¿Las casualidades son la antesala del destino? 







¿El destino está provocado por los hechos? ¿Los hechos están escritos?



Prefiero no filosofar ante la cantidad de respuestas posibles, pero lo que si está claro es que hay "algo" que está ahí, llámese como se quiera, pero ese algo puede cambiar en cuestión de segundos toda una vida...
Desde una mirada o un cruce de palabras, hasta un simple gesto hecho sin ninguna intención, pueden desencadenar una reacción que de un giro de 180 grados a un destino que no se sabe ni de dónde viene ni a dónde va.

Pero el destino ¿nace o se hace? ¿está escrito o lo cambiamos con nuestra manera de vivir?




                                                                                    

 
                                                                                                          
 Dos personas se han cruzado en el camino...¿ estaban sentenciadas a encontrarse o simplemente han sido un cúmulo de casualidades que han hecho que se conozcan?

Sea lo que fuere, un destino caprichoso hizo que se encontraran.


Éste, y otros muchos ejemplos son los que nos hacen reflexionar sobre las múltiples formas que tiene la vida para sorprendernos, ya sea en el amor, en el trabajo, o en cualquier otra circunstancia, siempre hay un momento que se piensa que algo o alguien ha cambiado la trayectoria de nuestro camino.


martes, 20 de septiembre de 2011

ME GUSTARÍA...




¿Quién no ha tenido alguna vez un pensamiento de realizar algo que en el fondo cree que es imposible de cumplir?


Todos, en algún momento de nuestra vida pensamos que nos gustaría hacer cosas un poco especiales o complicadas (según se mire ) y que por distintos motivos o circunstancias son difíciles de ponerlas en práctica, algunas, se convertirán en sueños irrealizables e imposibles de efectuar y otras... quién sabe, la vida es muy larga y da muchas vueltas.




No estoy hablando de metas en la vida, ni de tópicos tales como; quiero ser madre, quiero ser feliz, que mi familia tenga trabajo, quiero aprobar las oposiciones, que me toque la primitiva...etc. Porque estos ejemplos son obvios y los desea todo el mundo.

Me refiero a cosas o momentos que te gustaría poder hacer y que no son precisamente cotidianos.

Me vienen a la mente algunas que he leído o me han contado, como por ejemplo;

- Nadar con delfines
- Vivir una temporada en New York
- Escribir un libro
- Montar en globo
- Hablar con algún famoso
- Ver una aurora boreal
- Un viaje alrededor del mundo...




También hago referencia a los deseos de la protagonista de la película "Un paseo para recordar" :


- Casarse en la iglesia donde creció su madre y se casaron sus padres
- Ayudar en el Cuerpo de Paz
- Tener un tatuaje
- Estar en dos sitios a la vez
- Hacer un descubrimiento médico






La lista es interminable y muy variada y sobretodo, como se puede apreciar, acorde con los gustos de las personas. A simple vista algunas cosas parecen más fáciles de conseguir que otras, pero si están en el listado significa que para esa persona son importantes de realizar.



Estos sueños son intemporales, puesto que siendo "tan especiales" pueden pasar muchos años para que se vean cumplidos y algunos jamás verán la luz. También, muchos de ellos pueden ser influenciados por películas, sobretodo americanas, en los que todo parece fácil y perfecto.



- ¿Qué tipo de sueños son los más recurrentes? Yo, los catalogaría en cinco apartados; los de viajes, los de momentos específicos con la naturaleza, los de compañía (animales y personas) , los de retos personales y los materiales e inmateriales.


Efectivamente, me gustaría vivir una temporada en New York, que me regalaran un coche por sorpresa que estuviera envuelto en un gran lazo, visitar la isla de Pascua , poder hacer el cubo de Rubick, bañarme en aguas tropicales, pasear a caballo por la playa con luna llena , subir a la montaña rusa más alta del mundo, ver la mayor concentración de estrellas en una noche de verano, poder ver un atardecer en el que el sol se oculte por el mar acompañada de alguien especial y con ese "alguien" poner en práctica la palabra complicidad.

jueves, 21 de julio de 2011

DOS HORAS AL SOL




Verano. 3 de julio. Una playa en cualquier lugar del mediterráneo. O en el cantábrico o ¿qué más da dónde sea? Como en la canción de “Eva María”, me voy a la playa con mi bikini de rayas, pero en este caso no llevo la maleta de piel. 


En la inmensa bolsa que sustituye a la susodicha maleta llevo de todo por el “por si acaso". Crema factor 30 para el cuerpo con bronceado rápido -seguramente, eso de rápido es puro placebo, porque por la noche delante del espejo, cuando una se mira es normal decir: "hoy creo que me ha cogido” y seguramente estás igual que el día anterior-, otra crema para la cara factor 50, un libro, gafas de sol, gafas graduadas, sombrero de tela con estampado floral de ala muy ancha -por si pasa algún rayo de los que no ha filtrado el factor 50-, un mp4 de última generación, un pasador para recoger el pelo, un llavero con el tetris incluido -sí, lo reconozco, soy adicta al tetris desde los famosos años 80, una botellita de agua, el móvil, toallita de mano, esterilla y la toalla.
                                              
                                                                         
Me lleva bastante tiempo elegir el lugar idóneo para pasar unas horas de relax en la playa, todos los sitios que vislumbro mientras voy caminando por la arena no me gustan; uno porque tiene la arena mojada, otro porque hay unos niñitos pesados y asilvestrados, otro porque tendría que compartir el barullo de una inmensa familia de esas que vienen con nevera, sombrillas que parecen jaimas y abuela incluida. Por fin me decido y me pongo entre unos guiris blanquitos que se tuestan al sol y una pareja de jubilados, de esos que ponen la sombrilla a las ocho de la mañana para que no les quiten su territorio -éstos no saben que lo de guardar sitio en primera línea de playa solo pasa en las concurridas playas de Benidorm-. Bien, empieza mi proceso playeril, me quito el pareo, lo pliego cuidadosamente y lo meto dentro de la bolsa, saco la esterilla y la toalla y las extiendo en la fina arena. Después me siento y me doy crema, primero la del cuerpo y luego la de la cara, me planto el sombrero y mis gafas de sol, cojo el libro y me tumbo tranquilamente a leer.



¡Buff!, no aguanto ni un minuto más, hace demasiado calor. Voy a darme un baño porque sin sombrilla es imposible estar a pleno sol.
Salgo del agua, me siento y vuelvo con mi rutina; primero me recojo el pelo con el pasador, me pongo el sombrero y las gafas de sol pero, tonta de mí, pienso que sin las gafas graduadas no veré un carajo, así que me pongo las dos. Primero las de ver y encima me pongo las de sol. -Sí, ya lo sé, esto se solucionaría con unas gafas de sol graduadas, pero esas se me han olvidado en casa-.
Mientras me seco, sigo mirando el panorama, pero ¡qué panorama voy a ver!, si el ala del sombrero es tan ancha que me cae por encima de la cara y me tapa toda visión posible. Opto por quedarme con las gafas de sol y dejar las graduadas para cuando sean realmente necesarias. Cojo de nuevo el libro y me pongo boca arriba a leer. No pasan ni dos minutos y ya me estoy incorporando de nuevo porque el pasador de pelo se me incrusta en la cabeza y así una no se concentra bien.

Para entonces, como ya estoy seca, empiezo a repetir el proceso de las cremas. Por casualidad, se me cae la de la cara en la arena, soplo un poco e intento quitar con el dedo lo que se ha quedado pegado en el orificio de salida, pero no sirve para nada porque mientras me la extiendo en la cara parece que me esté untando un exfoliante –lo digo por todos los granitos que se me están quedando pegados en la cara-, pero no me importa porque pienso que la arena de playa no puede ser tan mala para el cutis y que después el mar ya actuará como tónico, vamos, todo un tratamiento de belleza natural.

Ya estoy de nuevo encremada y dispuesta a seguir con mi libro. Para no hacerme daño en la cabeza como ante, me pongo boca abajo con los codos apoyados en la toalla. De nuevo, interrumpo mi lectura -desde que he llegado tan solo he leído una maldita página, menos mal que no está en juego ninguna oposición o algo por el estilo- , pero es que esta postura no es muy cómoda para leer; me duelen los codos y se me ha dormido la mano. Me siento de nuevo, guardo el libro, cojo el tetris, el mp4, me quito el pasador, me recojo el pelo con el sombrero para que así no se me clave ningún objeto que me taladre la cabeza, me tumbo de nuevo boca arriba y enciendo el mp3 mientras cojo el tetris. Imposible jugar, la pantallita no se ve por el exceso de luz -es que hay objetos que es mejor no sacarlos de casa y más si son de culto, como es el caso-, así que me incorporo de nuevo. Como ya tengo el problema del pelo solucionado cojo otra vez el libro y me tumbo, pero me vienen los calores asfixiantes y decido ir a darme otro baño. Guardo el libro, me quito el sombrero y al agua.
 

Y de nuevo estoy sentada en la toalla. Mientras me seco y vuelvo a ponerme los dos pares de gafas, miro el panorama y no es otro que los guiris comiéndose un bocata de calamares rebosante de mayonesa, por un lado, y dos sillas con su sombrilla solitaria por el otro, porque los jubilados se habían ido a pasear. ¡Ay! que bien me vendría ahora  un poquito de su sombra, -pienso-. Sigo haciendo un rastreo visual por la playa con mis dos pares de gafas puestas. Estoy sentada con los brazos apoyados en la toalla, en plan posado de portada de revista veraniega, -y doy fe de que es una postura solo para foto, porque la verdad, yo no aguanto mucho en esa posición, me duele todo-. 
 

De repente, un golpe de pelota Nivea me da de pleno en la cara y manda mis dos pares de gafas a la arena, -los insoportables niñitos de la otra punta de la playa se han puesto a jugar al fútbol, con tan mala suerte, que un golpe de viento les ha mandado la dichosa pelotita, que es muy ligera, hasta mi sitio tranquilo y alejado del mundo de los niños-.
Vuelvo a las cremas, me pongo el sombrero, me tumbo boca arriba y me dispongo a escuchar música, pero de repente alguien me habla, -es uno que vende pareos-, le digo que no, que gracias. Sigo escuchando música, me viene otro con relojes y bolsos de Toos, Puiton, Carol “La Herrera” y Loe-Be, y vuelvo a decir que no, que gracias. Seguido al de los bolsos se me pone un vietnamita de rodillas al lado de la toalla y me dice que me da un masaje: ¡a cinco euros, a cinco euros! -me grita- y le digo que no, que gracias. Después del filipino, chino o lo que fuera, pasa el de los granizados y daikiris, el de las patatas y el de las pelis piratas. A todos les digo: no, gracias.
Sigo con mi música y en la mitad de la segunda canción se agotan las pilas y se apaga el aparatito y, por supuesto, no tengo pilas de repuesto, así que saco de nuevo el libro y la botellita de agua -que por cierto, a estas horas, es imbebible de lo caliente que está-. Me suena el móvil. Me tengo que ir. Recojo todo el equipamiento playero. Mañana más. ¿Quién dice que en la playa uno se relaja?




domingo, 3 de julio de 2011

CAMELIA SOBRE MUSGO



Yo también soy camelia sobre musgo, como decía Renée en "La elegancia del erizo". Disfruto contemplando y viviendo las cosas efímeras de la vida. Los colores de un atardecer, una ola que rompe en el puerto, un árbol en medio de una pradera, ver llover detrás de un cristal, escuchar alguna canción...(ésto último ya se que no es efímero, pero el momento en que la estoy escuchando si lo es, puesto que cada segundo o instante de la vida es único y no se vuelve a repetir, por elllo es efímero).


Me siento camelia sobre musgo cuando cada vez que paso por un escaparate me giro para mirarme en el reflejo, y hasta consigo verme en el brillo de la pintura metalizada de un coche . Y soy más camelia todavía cuando me digo de vez en cuando un "porque yo lo valgo"¡ hale!, y que nadie me hable en un tono más alto que entonces no seré tan camelia sobre musgo...

Ahora que llega el verano y estamos más tiempo en la calle quiero imaginarme las camelias sobre musgo de mi alrededor, los indignados del 15M, las abuelas que pasan todo el verano haciendo comida para un regimiento en el apartamento de la playa, el que pone las hamacas y sombrillas en la orilla del mar , el becario de turno, el que te sirve la cerveza en el chiringuito....etc.

Pues eso, ésta conclusión es más de lo de siempre no lleva a ninguna parte, ni aporta nada nuevo, son reflexiones de la vida diaria, de lo que tenemos en frente y no vemos, de lo que apreciamos, de la belleza, de las pequeñas cosas...etc.

A veces me gusta ponerme a pensar en ellas y a veces, las escribo.

viernes, 24 de junio de 2011

LA NOCHE MÁS LARGA






Es aquella noche la que te dije algo

algo, que jamás te quise decir

siempre quedará la nostalgia

y aquello que quedó por vivir


Cruces de palabras inexplicables

sintonías y muchas notas por cantar

nunca existirá ni el ahora, ni el mañana

y serás libre para poder bailar.

lunes, 30 de mayo de 2011

DESPEDIDA




Como cada día durante los últimos 10 años Elena cogía el tren a las 7:45 de la mañana. Llegaba siempre con el tiempo justo y por ello la entrada al vagón siempre iba acompañada de algún que otro empujón para hacerse un hueco entre la marabunta que se concentraba a la misma hora que ella. Se montaba siempre en el primer vagón, tenía la sensación que subiendo en él llegaba antes que los demás a su destino. Su constante en la vida eran las prisas, el estrés, la rapidez…etc. Y así eran todos los días para Elena.


Pero aquel día 3 de mayo, esa rutina cambiaría para siempre...


Se despertó a las siete y cuarto de la mañana, y como apuró hasta el último segundo para levantarse de la cama, se le hizo tarde y sólo le dio tiempo a tomar un café, cogió una manzana para comer por el camino y bajó por las escaleras para no esperar al ascensor al tiempo que se iba poniendo la gabardina. El trayecto hacia la estación era corto, solo duraba seis minutos, lo tenía cronometrado. A su llegada sacó el bono del bolsillo para pasar por las barreras de entrada. Allí ya se empezó a poner nerviosa, se había formado una pequeña cola porque una señora metió mal el billete y las barreras de apertura se quedaron estancadas.

Eran las 7:42 y la fila no avanzaba, se acercó un revisor y manualmente cogió el billete de cada uno para agilizar la salida hacia el andén, ya que el tren no tardaría en llegar. Elena corrió porque el convoy hacía su apariciónen ese mismo instante.

Se metió en el primer vagón como hacia cada día, no fue nada fácil, pero a base de algún que otro empujón y pedir perdón al tiempo que se abría camino entre la gente, logró un sitio aceptable. Arrinconada entre un joven que iba ensimismado con los cascos y otro no tan joven, con cara de dormido, observaba lo que tenía alrededor.


Todos los días su mirada recorría como por inercia las caras de los demás viajeros, que al igual que ella, eran habituales en ese vagón. Estaba el ejecutivo del Ipod, la parejita de estudiantes, hablando de asignaturas y profesores, la madre con el niño, que siempre acababa cogiéndolo en brazos, el anciano adormilado y la mujer risueña.

Sabía de memoria en que estación bajaba cada uno y casi podía predecir el estado de ánimo que tenían ese día., eran muchos años viajando a la misma hora y compartiendo con las mismas personas un trayecto de treinta minutos. Cuando llegó a su destino bajó y fue directa a la oficina, tenía una reunión importante. Muy importante. Le habían ascendido y como tal, a partir de ese día, tenía que usar obligatoriamente el coche de la empresa.




Lo primero que pensó Elena fue que ya no vería más el tren. Ese tren que le había acompañado durante 10 largos años, ¿qué sería del ejecutivo del Ipod o de la mujer risueña? pensó. Nunca más sabría si cambiaban de colonia, si habrían estrenado algo, o tenían mal día, tal como había ido pronosticando cada mañana. Esas vidas no eran tan ajenas para ella.


Adiós queridos pasajeros. Hasta siempre querido tren.