
Verano. 3 de julio. Una playa en cualquier lugar del mediterráneo. O en el cantábrico o ¿qué más da dónde sea? Como en la canción de “Eva María”, me voy a la playa con mi bikini de rayas, pero en este caso no llevo la maleta de piel.






Como cada día durante los últimos 10 años Elena cogía el tren a las 7:45 de la mañana. Llegaba siempre con el tiempo justo y por ello la entrada al vagón siempre iba acompañada de algún que otro empujón para hacerse un hueco entre la marabunta que se concent
raba a la misma hora que ella. Se montaba siempre en el primer vagón, tenía la sensación que subiendo en él llegaba antes que los demás a su destino. Su constante en la vida eran las prisas, el estrés, la rapidez…etc. Y así eran todos los días para Elena.
Pero aquel día 3 de mayo, esa rutina cambiaría para siempre...
Se despertó a las siete y cuarto de la mañana, y como apuró hasta el último segundo para levantarse de la cama, se le hizo tarde y sólo le dio tiempo a tomar un café, cogió una manzana para comer por el camino y bajó por las escaleras para no esperar al ascensor al tiempo que se iba poniendo la gabardina. El trayecto hacia la estación era corto, solo duraba seis minutos, lo tenía cronometrado. A su llegada sacó el bono del bolsillo para pasar por las barreras de entrada. Allí ya se empezó a poner nerviosa, se había formado una pequeña cola porque una señora metió mal el billete y las barreras de apertura se quedaron estancadas.
Eran las 7:42 y la fila no avanzaba, se acercó un revisor y manualmente cogió el billete de cada uno para agilizar la salida hacia el andén, ya que el tren no tardaría en llegar. Elena corrió porque el convoy hacía su apariciónen ese mismo instante.
Se metió en el primer vagón como hacia cada día, no fue nada fácil, pero a base de algún que otro empujón y pedir perdón al tiempo que se abría camino entre la gente, logró un sitio aceptable. Arrinconada entre un joven que iba ensimismado con los cascos y otro no tan joven, con cara de dormido, observaba lo que tenía alrededor.
Sabía de memoria en que estación bajaba cada uno y casi podía predecir el estado de ánimo que tenían ese día., eran muchos años viajando a la misma hora y compartiendo con las mismas personas un trayecto de treinta minutos. Cuando llegó a su destino bajó y fue directa a la oficina, tenía una reunión importante. Muy importante. Le h
abían ascendido y como tal, a partir de ese día, tenía que usar obligatoriamente el coche de la empresa.
Lo primero que pensó Elena fue que ya no vería más el tren. Ese tren que le había acompañado durante 10 largos años, ¿qué sería del ejecutivo del Ipod o de la mujer risueña? pensó. Nunca más sabría si cambiaban de colonia, si habrían estrenado algo, o tenían mal día, tal como había ido pronosticando cada mañana. Esas vidas no eran tan ajenas para ella.
Adiós queridos pasajeros. Hasta siempre querido tren.

Pedí al taxista que me dejara en la plaza de toros. Él, frunció el ceño y me dijo que estaba prohibido aparcar ahí. Le miré a los ojos a través del retrovisor y le dije: -por favor, páreme donde le he indicado. Él, puso cara de importante y suspiró como dando aprobación a mi súplica, en el fondo él sabía que si se rige por el código de circulación perfectamente puede estacionar tres minutos para dejarme, sin quebrantar ninguna norma.
Le pagué 18 euros y me bajé del taxi. Él se apresuró a sacar mi maleta y me deseó buen viaje. Yo, le dije un simple adiós. Quería recorrer a pie los pocos metros que separan la plaza de toros de la estación.
Eran las doce del mediodía de u
na mañana soleada y fría de invierno. El cielo azul radiante contrastaba con la silueta de la estación.
La decoración de la fachada modernista estaba llena de símbolos y motivos regionales valencianos, una reseña a la bandera valenciana, flores de azahar, el color verde, las estrellas rojas y demás ornamentaciones hacían que no pasara desapercibida. Y para mí, una vez más fue así.
Entré al interior y me senté en un vestíbulo muy acogedor con bancos de madera. Mientras esperaba miraba alrededor y percibía por todos sus lados un poco de la cultura popular mediterránea, azulejos, mosaicos, flores, cuadros de valencianas...etc.
Al de un rato de observar todo aquello me di cuenta que estaba sola en aquel habitáculo con vigas de madera en el techo. Entonces me levanté y me dirigí hacia los andenes, había un silencio sepulcral, mis tacones y las ruedas de la maleta retumbaban mientras pasaba
al lado del único tren que estaba estacionado en una de las vías. En aquel instante me empecé a preocupar. Estaba sola en la estación, no había nadie, ni personal de mantenimiento, ni jefe de tren, ni maquinista, ni persona alguna a la que pudiera preguntar.
Los rayos de sol entraban tímidamente a través de los cristales laterales de la gran bóveda que cubre los andenes y se iban a parar al único convoy que tenía a ralentí sus motores. Aunque estaba dubitativa me decidí por inspeccionar aquel tren que tenía delante por si encontraba algo o alguien que me hiciera pensar que no estaba sola en aquella estación.
El convoy solo tenía tres vagones, y en la entrada de cada uno había una letra negra al lado de la puerta. En el primero había una “F”, en el segundo una “P” y en el tercero otra “P”. Fue en aquel instante cuando lo entendí todo.
Toda mi vida estaba en ese tren, el pasado, el presente y el futuro lo tenía ante mis ojos y según que vagón eligiera para montar, mi vida sería de una manera u otra.
El pasado significaba, niñez, adolescencia, recuerdos, momentos vividos, experiencias…etc. El futuro es incertidumbre, son preguntas si respuestas, es madurez, es toda una vid
a y sobretodo es una consecuencia de lo que has hecho en el pasado. El presente es ya, es ahora, es el momento.
Me tomé unos minutos para pensar en qué vagón sería mejor montar y elegí el Presente, puesto que no hay nada mejor que vivir cada día disfrutando de cada instante, sin cargas del pasado, y sin dudas para el futuro.
, sus palcos y butacas, su público y muchos aplausos.( Hablando de aplausos, en estas últimas dos semanas he comprobado que hay dos tipos de aplausos, el que nace por algo ciertamente bueno y el compulsivo y digno, pero sobre los aplausos hablaré otro día).
Tengo un patio de vecinos que es una locura ideal de la muerte de lo bien avenidos que estamos t
odos, como soy la presidenta de la comunidad me encargo que todo vaya a las mil maravillas.
Como buen patio que se precie, tiene un alto nivel de interacciones dialécticas en las horas centrales del día y por las mañanas tiene más vida que las playas deBenidorm en pleno mes de Agosto. De vez en cuando les deleito cantando el repertorio de Mari Fe de Triana, y esos días, gracias a los aplausos y ovaciones que me dan, tengo la autoestima por las nubes. Mi karma, va por buen camino.
Pero lo que realmente importa de todo esto es el vecindario en si, cuando pienso en nuestra comunidad siempre me viene a la cabeza Gran Hermano, y no precisamente por el edredonnig…
En las reuniones hay de todo, resquemores, envidias, nominaciones, queja
s, despedidas, palmaditas en la espalda, risas, preguntas sin respuesta, y sobre todo un buen rollo quete cagas, porque cuando finalizan todos nos abrazamos, y brindamos con un Vega Sicilia para que el año que viene, en la próxima reunión, nos veamos de nuevo. Y nos reímos al unísono.
Que un vecino se queda sin pinzas porque el otro se las quita del tendedero, da igual, el susodicho ya comprará más en los chinos.
Que la vecina del quinto critique a la del tercero, hasta por la comida que hace, pero cuando coinciden en el ascensor hablan más que un tertuliano del Sálvame, no es hipocresía, es algo normal que ocurre diariamente.
Que las dos vecinas nuevas pasen desapercibidas, pero al tiempo quieran presentarse a ser presidentas sin que tengan conocimiento alguno, es querer acaparar lo que no te corresponde, pero en esta comunidad todo es válido.
Que el vecino guapo y solitario del ático, tenga el piso mejor de todo el edificio, ¿es suerte? No, es constancia, se lo ha ganado trabajando mucho con el sudor de su frente y ahora que lo disfrute, ¿no? Aunque en elfondo no es feliz porque no se siente integrado en la comunidad, ¿Por qué el pobre chico tiene la sensación que los vecinos le hacen el vacío? ¿Envidia? ¿O será que no ha sido fiel a sus principios?
Cuando hicimos el sorteo de pisos embargados el decía que se conformaba con el bajo, pero cuando llegó el día del reparto mandó a su testaferro para quedarse con el mejor. Ahora está desubicado el pobre. Aunque en las reuniones sonríe. Pero no habla, sólo asiente para quedar bien con todos. Que pena de integridad.
Que la vecinita joven del bajo sea la más cotilla del edificio está bien, porque el ser así es sano y en ella es algo innato, pero que no se mosquee cuando viene a pedirte aceite y le digas que lo último se lo ha llevado su vecino de planta, que se ha adelantado y que le pida el aceite a él. Nada, nada, todo son excusas, lo que quiere es ver mi piso que jamás se lo he enseñado, y yo, no doy mi brazo a torcer así por la buenas…
Que la vecina que tuvo un rollo con el del sexto A, el del sexto B y ahora anda con el viudo del cuarto no le debe importar a nadie, (y de hecho no nos importa su vida amorosa), pero los ex que va dejando por el camino y que viven en ésta nuestra comunidad, quieren y exigen a la misma, que ella no tenga ni voz ni voto en la reuniones mientras comparta la vida con vecinos de la misma finca.
Dicen, que ella sale ganando con esas relaciones porque los gastos comunitarios le salen gratis mientras está “compartiendo”. Y digo yo, qué tienen que ver las churras con las merinas. Pues eso, nada, porque unas son ovejas y otras son un cuadro o algo así… ¿no?
En fin, que las comunidades de vecinos son tan complejas como la vida misma, pero a pesar de ello volveré a presentarme para ser presidenta el año que viene, porque viene bien para mi curriculum y la finalidad de todo esto es que Estrella Luna Del Sol, o sea yo, llegue a ser famosa, aunque sea a costa de los demás.
Todo esto lo digo sin acritud ¿eh? Que lo que cuenta en estos casos es el fondo y no las formas…

Enigma:
-El misterio de la Mona Lisa
crees que existe una amistad y de la noche a la mañana, esa persona te deja de hablar?
do en todo, esa amistad perduraba, pero en el momento que aparecen discrepancias en algunos temas esa persona corta de raíz esa amistad tan sincera.

ientillo de los cines de verano; niños, carritos por el medio, abuelos, padres, chuches, bocatas, cojines, gatos, y hasta estrellas fugaces.
aderías, con sus rebosantes mostradores llenos de sabrosos tipos de helados, el tinto de verano, (pero el casero ehh?? ), las perseidas, los abanicos...etc.
esperadas visitas de verano, las inesperadas... para las películas.
PARA LA PERSONA QUE SE LO MERECE
Eres un cobarde, una mala persona, un mal padre, inseguro, hipócrita, inmaduro, insociable, falso, infame, egoísta, inestable, mentiroso. Te odio porque eras un padre de fin de semana, te odio más porque siempre pensabas en ti mismo antes que preocuparte por cómo estábamos. Un padre que era capaz de despreciar a sus hijas por no querer hacer lo que él quería, es un inconsciente.
Te odio por la falsedad que tuviste al estar conmigo cuando estabas al tiempo con la otra, porque te fuiste cuando tuviste asegurada la comida y quien te planchara, alguien que deja de querer se va con dos narices, pero tú como siempre, demostrando la falta que principios que tienes y lo inútil que eres.
Cuando hacías el papelón con ellas días antes de irte con aquella y les leías un cuento, cuando jamás lo habías hecho, y de repente venías a comer cuando habitualmente no lo hacías.
¿Y cuándo les decías que tenían que quererle a ella porque les iba a querer tanto como yo?
Eres un impresentable que hizo pasar a sus hijas por un juzgado y por una psicóloga, por palabras y actos inadecuados para la edad de ellas, les amenazabas para que te escucharan y les tenías amedrentadas.
Eres un miserable, porque trataste de separarme de mis amigas llamando una a una por teléfono, llegando a amenazarles con contar cosas de su vida privada si no se ponían de tu parte. Eso solo lo puede hacer una persona despreciable, rastrera y retorcida como tú. Además, eres un fracasado tanto en tu vida personal como en la laboral, porque no tienes personalidad y no tienes luces para afrontar cualquier problema.
Te odio y te odiaré siempre porque me amenazaste con quitármelas, por insultarme, por venir a altas horas de la madrugada a por ropa. Porque tuve que aguantar tu chulería y prepotencia pero te paré los pies ante tu última reacción hacia mí. Te odio porque aprovechaste mi vulnerabilidad de entonces aún sabiendo que podía perjudicar a tus hijas.
Me humillaste de todas las maneras posibles, eres un engreído que no tiene escrúpulos, porque lo demostraste aquella temporada. Me repugnas porque decías que la pensión de ellas era demasiada, cuando sabías de sus necesidades, bueno, no las sabías, porque vivías en la inopia, pero un padre siempre se desvive por sus hijas para que no les falte de nada y a ti no te importó que pasaran por cortes de luz, de teléfono y casi embargaran el sitio donde vivían.
Te aborrezco porque veo que no has cambiado, eres un ser despreciable que engaña con palabras edulcoradas, pero a los lobos con piel de cordero se les ve venir de lejos. Ahora, vas de víctima, se te da muy bien eso de ir suplicando cariño como un alma en pena y pidiendo perdón. No me das ni pizca de lástima por los remordimientos de culpabilidad que debes tener por todo el daño que has hecho a tus hijas.
Ahora lo intentas remediar, a ellas te las puedes ganar porque no han heredado mi odio hacia ti, pero están contigo gracias a que yo no se lo he querido transmitir, ojalá estuvieras solo en este mundo por todo el mal que has hecho.
Y paso de escribir más, porque no mereces que te dedique ni una letra más de mí preciado tiempo, porque el odio que te tengo y te tendré por estas cosas y por muchas más es directamente proporcional a lo que nos has hecho pasar a las tres, y jamás ni lo olvidaré, ni te lo perdonaré.
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TEXTO ÍNTEGRO REALIZADO PARA EXAMEN DE FINAL DE CARRERA A FUTUROS PSICÓLOGOS.
(CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA)
Justo en el momento en que empezabaa encontrar oscuridad hasta en el sol de mi ciudad. Justo en el momento en que la resignaciónconsumía cada día mi ilusión. Apareces tú y me das la manoy sin mirarme te acercas a mi lado.Y despacito me dices susurrando que escuche tu voz. Adelante por los sueños que aún nos quedanadelante por aquellos que están por venir,adelante porque no importa la metael destino es la promesa de seguirAdelante. Justo en el momento en que empezabaa sospechar que la ilusión me abandono sin avisar. Justo en el instante en que empezabaa olvidar, a atreverme, a imaginar, a inventar.Apareces tú y me das la mano y sin mirarme te acercas a mi lado…y despacito me dices susurrando que escuche tu voz. Adelante por los sueños que aún nos quedan. Adelante por aquellos que están por venir. Adelante porque no importa la meta,el destino es la promesa de seguir…