
-¿Y por qué coco? ¿Tanto te gusta?
- Sí, y desde hace tiempo un poco más.
- Sí, y desde hace tiempo un poco más.
- Todo empezó en primavera,
cuando el calor aún no se había instalado de forma permanente entre las calles
de la ciudad. Todavía se podía apreciar
en la vestimenta de la gente los últimos vestigios del invierno; chaquetas,
medias en las mujeres, botas y bufandas
de entretiempo en el cuello. Pero para mí la primavera había llegado con todo
su esplendor. Sí, llegó con un sinfín de novedades que hicieron que esa
estación se convirtiera en el principio
de algo que a día de hoy me quita muchas
horas de sueño, pero al mismo tiempo me hace sentir una alegría y felicidad
inconmensurable.
- Pero... cuéntame lo del coco.
- Lo del coco es lo menos importante de ésta historia, mejor
te cuento lo que más recuerdo de esa primavera.

- ¿Y qué tiene que ver todo eso con el coco?
Lo del coco todavía no llega. Antes del coco vinieron otras
cosas. El sótano aquel se convirtió en un sitio rutinario pero al mismo tiempo
muy venerado por todos nosotros. Para mí aquel sitio tenía magia, era como la
casa magnética de los parques de
atracciones, cuando estaba dentro había algo que me atrapaba y hacía que el tiempo allí no corriera como en
el exterior. Pasé muchas horas, y cada una de ellas fueron para mí “horas
extraordinarias”.
- y el co…
- ¡Calla!!
- Mira, como veo que sólo te interesa el dichoso coco, te
diré que aparte de ser el: “Fruto del cocotero, semejante al melón en su forma
y tamaño, cubierto de una doble corteza, la primera fibrosa y la segunda muy
dura; por dentro y adherida a esta tiene una pulpa blanca y sabrosa, y en la
cavidad central un líquido dulce llamado agua de coco.” …Para mí el coco es el antídoto de mi vida.
-¿De verdad?
- Ajá.