Aquella tarde no hablarían del apareamiento de las abubillas en
primavera ni de los misterios de las pirámides de Egypto, no, esa tarde
dejaron de comentar los documentales de la 2 para adentrarse en
conversaciones mucho más convencionales. Tenían poco tiempo pero el
suficiente para tomar un concentrado de piña y un agua con gas
caducada. Ella, de vez en cuando miraba con impaciencia a su alrededor,
solo miraba, porque desde luego con su miopía no podía ver más allá de
dos metros de donde estaba sentada. Él, tranquilo e impasible y sin
preocuparse de la hora, se enroscaba la bufanda al cuello mientras le
hablaba de una ola de frío que ocurrió en el siglo pasado. Ella, le
miraba perpleja, puesto que el tema del clima continental en la Península Ibérica no lo habían tocado hasta ahora.
De repente, y
sin previo aviso el tema derivó en asuntos gastronómicos. Él insitía en
el buen hábito de comer zanahoria y de las propiedades beneficiosas
para la salud, ella, interiormente se preguntaba, ¿cómo habrá que
comerla para que haga mayor efecto, cocida, cruda, frita, deshidratada o
tal vez rallada? pero en vez de preguntar eso y pecar de
desconocimiento del tema asentía con la cabeza y le afirmó que haría
caso de su consejo. .Se dió cuenta, en ese mismo instante, que ciertos
animalillos famosos que comen zanahorias saltan asilvestrados por los
montes, cual cabritas de Heidi, poseen muy buena vista y por algo
será...
Sin saber ni cómo ni porqué salió el tema de las piñas,
piñas maltratadas las pobres, él le explicaba con mucha vehemencia que las pinchan y las meten
glucosa, y ella, desconocedora absoluta de semejante sacrilegio se
sintió engañada por el frutero de toda la vida al que cuando le pide una
piña dulce hace todo un ritual de coger una, dejar otra, quitarle una
hojita de arriba, tocarle el culo (a la piña)..¿y total para qué? se
preguntaba ella, en ese momento, si van a estar todas dulces...que le
acababan de desvelar el secreto, que no hay piña sana..., que a todas
las pinchan como si tuvieran diabetes...le iba a oir el frutero el
próximo día Já..
Minutos más tarde pasaron a hablar del emperador
pero no precisamente de César Octavio Augusto, ése ya les tocaría
comentar cuando se adentrasen en el tema del Imperio romano, él se
refería al emperador de comer, al de mar, a ese que no tiene espinas y
que como te lo den de la parte seca te puede servir de chicle. En este
caso, él no habló de las 1001 recetas que seguramente conocía para
prepararlo, el tema emperador se convirtió por unos instantes en algo
más cercano a Alfred Nobel que a Arguiñano. La mente de ella no daba
para tanto, le iba a mil por hora intentando recordar la tabla periódica
de los elementos, metales, no metales, valencias...etc y al mismo
tiempo se preguntaba, ¿por qué tenían que salir estos temas tan tan de
"saber y ganar" en vez de "pasapalabra" o el "1,2,3"? Cuando salío la
palabra mercurio a ella le vino a la cabeza el desatre que se formaba
cuando se rompía un termómetro de los de siempre y millones de bolitas
plateadas se esparcían por todo el suelo. ¿Eso tan asqueroso y dificil
de atrapar tenían los emperadores en su interior?, pues era fácil la solución; primero, se abre el
emperador y con mucha paciencia vas uniendo todas las mini bolitas hasta que se
hace una más grande. Y cuando se disponía a escuchar atentamente la pertinente explicación por parte de él y descubrir si coincidía con la que ella se había imaginado, la conversación se quedó interrumpida por la hora. El reloj marcaba las...qué más da que hora era, los dos se fueron apresuradamente, se despidieron hasta el día siguiente para seguir hablando de... de temas variados
El pensaría, "qué pena ahora que le iba a hablar de los erizos de Denia"...